viernes, 13 de enero de 2017

NOCHES DE OTOÑO Y EL VIENTO DEL SUR



Hay noches de otoño en las que el viento sur sopla nostalgias estivales que traen consigo fragancias olvidadas. Noches que son conversaciones bajo tu casa, sentados en el portal mientras la gente vuelve de las terrazas o salen de sus casas camino del paseo. Noches de ruido de motos, de encender un cigarro. Hay noches de otoño que te hacen ser joven de nuevo. Maravillosas noches de octubre que son los julios caducados hace veinte años. Recuerdos guardados en estanterías que rara vez te da por mirar.

Hay noches como la de hoy, que mientras paseas dándole vueltas a todo, te sorprendes pensando en mi. En porqué no volvimos a vernos. Piensas en las noches como esta, en las que nos sentábamos a discutir de cualquier cosa en un banco del parque. Como si en realidad entendiésemos de lo que hablábamos. Tú te quejabas de todo, decías que habían clonado una oveja y que no podía haber estupidez mayor. Yo me fijaba en tus ojos, como se iban enrojeciendo de rabia mientras seguías despotricando y no podía aguantar sonreír mientras pensaba con sorna, descuida, a nadie se le va a ocurrir clonarte.

Eran esas noches en las que salías de casa, arropado por el viento del sur y tu chaqueta vaquera las que nos hicieron felices. Yo te esperaba en el banco, enfrente de la estatua del parque que siempre nos pareció tan inquietante. Tu traías café y bebíamos y discutíamos sin sentido. De cualquier cosa. Sobre si había vida en otros planetas, cual era la mejor marca de tabaco, de lo bueno que era el último disco de Radiohead. Hasta sobre el puto Phil Collins...

Recuerdo que una de las últimas veces que nos vimos discutíamos sobre qué sentido tenía todo. La vida en general. Seguir, sabiendo que todo daba igual. Decías que en realidad no éramos tan importantes, ni tan especiales, ni tan únicos, que la vida era una rueda, que las canciones que escuchábamos eran solo putas canciones que escuchábamos, que son mentira y solo dicen lo que queremos oír en cada momento.

Hay noches como esta, que se van haciendo un nudo y desearías poder dar marcha atrás. Cambiar una frase, llamar por teléfono. Sin darte cuenta que eso no va a hacer que las cosas sean como quieras. Yo no voy a aparecer de repente en esta noche de otoño en el banco que mira a la estatua, ni tú me recuerdas tan bien como crees. Te engaña la nostalgia y no te deja ver que en realidad todo ha cambiado, que nos queda poco o nada que discutir, que ni siquiera existe el parque ya, que somos desconocidos. Hay noches sin luz, con viento del sur que susurra pasados que son mejor no escuchar.

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Anexo 1: Foto de la estatua del parque.




Anexo 2: Versión de canción sobre una estatua. (Esta es la de un jardín botánico)



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